EL GRADO Y SU CONTEXTO

El espíritu del Judo, la esencia de la “vía marcial” del perfeccionamiento de la personalidad, es el don más valioso de la practica del Judo, del Aikido o del Karate, sin el espíritu del Judo, estas artes no son sino otras tantas modalidades más de gimnasia o simples métodos de defensa. Pero esta claro que el ideal del Judo, del Aikido o del Karate, no puede ser el convertir al hombre en algo parecido a un gorila o equiparable a un pistolero. Al menos, debería estar claro para los cinturones negros, que se supone son capaces de comprender la verdadera naturaleza del arte que practican y cuya tradición mantienen. Es comprensible que el neófito se acerque al “Dojo” con la única mira de librarse de sus complejos físicos, o para aprender a defenderse, o incluso para presumir ante sus amistades. Lo que ya no es comprensible ni admisible es que pueda llegar a la categoría de Dan con este mismo espíritu, o mejor dicho, con esta misma falta de espíritu. No será un buen maestro quien lo permita. A este respecto convendrá reparar algunas verdades elementales para todo Judoka que, sin embargo, muestra cierta tendencia a distraerse. Por ejemplo, que el grado no es una recompensa, sino la simple constatación de un valor global alcanzado por el artista marcial en un momento cualquiera de su vida y certificado como tal, por quienes están capacitados para nombrarlo. Este valor global se descompone en tres elementos irreparables. El primero de ellos en el SHIN, el espíritu del Judoka que se traduce en caracterizadas notas de comportamiento. El segundo, el GHI mi bagaje técnico, sin conocimiento del arte que practica y mi pericia en la ejecución de este arte. Y el tercero es el TAI, los valores físicos adquiridos. El grado debe ser siempre SHIN-GHI-TAI, esto es, no el reconocimiento de cualquiera de estos elementos aisladamente, sino el del conjunto formado por los tres. Por supuesto la proporción de estos elementos puede ser variable según la edad, el sexo, la constitución o la salud del examinado y el examinador habrá de tener en cuenta estos factores; pero es indispensable que figuren los tres. El grado ha de ser siempre SHIN-GHI-TAI. Es posible una proporción armónica de estos expedientes en cualquier individuo y en cualquier momento de la vida de ese individuo. Esto es lo que hace al Judo tan universal y tan elástico, tan accesible a todos. Pero es que el Judo es un camino marcial de perfección, y el perfeccionamiento es siempre posible. Junto a la alegría de contarlo así, de saber que tenemos en nuestras manos algo que es una ayuda para todos, un beneficio para la humanidad, esta la responsabilidad tremenda de sentirnos los depositarios de ese tesoro, no podemos frivolizar con él. Por eso los exámenes han de ser serios, lo que no quiere decir, dictatoriales, pero tampoco irresponsables. Los “Katas”, por ejemplo, deben ser algo más que “monitor”. Tal vez pueda bastarle al espectador, pero no al que ha de conceder un grado. Un “Kata” no es un simple ejercicio de estilo o estética, como parecen creer algunos, sino además de eso, una exposición técnica y una demostración de autocontrol. En resumen: espíritu, técnica y cuerpo. SHIN-GHI-TAI. Como todo el Judo. El maestro Jigoro Kano decía que “Los Katas son la ética del Judo”. Esta afirmación puede parecer sorprendente a quienes consideran la ética como un conjunto de normas morales. Conviene aclarar pues, que la ética tiene otra acepción más general, que es la de “modelo de comportamiento”. El comportamiento de un guerrero al ejercer su arte, consiste en los movimientos agresivos propios de este. Tales movimientos, rigurosamente codificados, ordenados y seriados con fines didácticos por los grandes maestros, constituyen el “modelo de comportamiento” que estos brindan a sus discípulos. Viejos manuscritos nos cuentan como eran instruidos los Samuráis por sus maestros en los modelos de comportamiento propios de sus diversas artes (lucha, boxeo, esgrima, tiro al arco, etc..) Después de largos años de educación física y mental, cuando ya habían dado pruebas de aptitud y destreza, el maestro les llamaba aparte a su “Dojo” particular, generalmente por la noche. Allí les hacia prestar juramento de no revelar jamás los secretos que iban a serles confiados. Después, con un ceremonial impresionante yen una extraordinaria tensión mental, les mostraba los modos idóneos de realizar las técnicas, los modelos a que habían de atenerse. Los KATAS. Hoy el secreto ha desaparecido de las artes bélicas tradicionales. Se mantiene naturalmente para las más modernas, para las que se emplean en la guerra actual: nadie puede revelar los nuevos diseños d un bombardero, por ejemplo, o de un misil nuclear, sin hacerse reo de alta traicion. Pero el problema de las artes marciales tradicionales, que ya no se emplean en la guerra, no es de que el enemigo las conozca, sino el que desaparezcan o se desvirtúen. Por tanto, lejos de guardar el secreto de sus técnicas, lo que interesa es su propagación. Cuanto más las conozcan, menos peligro habrá de que ese importantísimo legado histórico de la Humanidad, cuyas virtudes para la educación física y mental del hombre están más que demostradas (aunque parece muchos de nosotros no nos hemos dado cuenta), se malogre. De cualquier modo, en el secreto nocturno del “Dojo” o a la luz de nuestros gimnasios abiertos, las artes marciales se han transmitido y se transmiten a través del “KATA”, único medio posible de conservarla en toda su pureza. Aunque, insisto, parece que muchos de nosotros aun no nos hemos dado cuenta, no solo es conveniente, sino imprescindible, insistir en el ejercicio del “Kata”, para extraer todas las enseñanzas que las artes marciales pueden darnos. En Judo existen nueve Katas, ordenados de manera progresiva, desde las técnicas básicas hasta la manifestación gestual de los grandes principios fundamentales. No los descuidemos con el pretexto de una mayor consagración al “Randori”. Kata y competición son inseparables, en todo caso, la competición necesita del Kata que la inspira y orienta mucho más que el Kata de la competición, que se limita a demostrar la eficacia guerrera (o deportiva) de éste. Si el “Randori” es la pieza musical, los Katas son las reglas del solfeo, si el “Randori” es el ajuste de cuentas, los “Katas”, son los principios matemáticos que rigen estas, si el “Randori” es el problema, los “Katas”, son la solución. O, para seguir la imagen de Jigoro Kano. Si el “Randori” revela un buen comportamiento guerrero, los “Katas” son el modelo de buen comportamiento guerrero, la ética del artista marcial.